Escribir mal tu nombre al reservar un billete de avión te puede costar hasta 160 euros

Buena parte de las aerolíneas cobran por corregir o cambiar el nombre de los pasajes, un servicio especialmente caro en muchas ‘low cost’

Confundirse al escribir el nombre al reservar un billete de avión puede salir muy caro. Cambiar una errata para evitar tener después problemas en el embarque si no coincide la reserva con el documento de identidad, puede costar hasta 160 euros en España. Así lo refleja un estudio de Destinia, que ha recopilado lo que cobran 22 aerolíneas por corregir errores o por cambiar de nombre o titular. Ryanair es la compañía en la que más caro sale un error, 160 euros por pasajero si se hace en el mostrador o por teléfono. Las tarifas varían de una aerolínea a otra, por ejemplo, 30 euros en American Airlines y 60 en Alitalia llegando incluso a ser gratis en algunas como en Iberiay dependen del tipo de tarifa contratada. Además, en algunas ocasiones, el precio es más bajo si el cambio es por Internet.

Los cambios pueden llegar a costar más caros que el propio billete en el caso de la compañía low cost Ryanair, donde, según el estudio, cuesta lo mismo arreglar una errata que cambiar el titular del billete. Sin embargo, el precio es menor online: 110 euros por pasajero, y se puede realizar hasta dos horas antes de la salida del vuelo. En caso de hacer el cambio en el mostrador del aeropuerto o por teléfono, la cantidad asciende a los 160 euros por pasajero.

En el caso de Vueling, es gratis cambiar el segundo apellido o invertir de orden los apellidos, pero las demás correcciones y los cambios de titular llevan un coste de 50 euros, tanto por Internet como por teléfono. Sin embargo, con la tarifa “basic/óptima” el precio es de 50 euros por trayecto más la diferencia de tarifa, mientras que si se tiene la tarifa “excellence”, el coste es solo la diferencia de tarifa. Para Volotea, la compañía de low cost creada por los fundadores de Vueling, las correcciones son gratuitas hasta un máximo de dos letras, pero debe hacerse por teléfono y en las 24 horas desde la reserva. Para cambiar el titular, son 40 euros desde Internet y por teléfono, y 50 en los mostradores. A estos precios hay que sumar el incremento de tarifa.

La compañía de bajo coste, easyJet, no cobra por subsanar los errores ortográficos pero sí por cambiar el titular del billete, aunque sus tarifas son más reducidas y varían en función de la antelación con la que se haga. Así, si el cambio de titular se realiza 60 días antes del vuelo y online, el coste será de 25 euros y 31 si se hace por teléfono. Con menos de 60 días de antelación, el precio asciende a 65 euros por Internet y 70 por teléfono.

Norwegian Airways, también de bajo coste, no cobra las correcciones, siempre que sean tres letras como máximo. En caso de cambio de nombre en el billete o de titular, si se hace online el precio asciende a 55 euros por trayecto, 100 si se trata de vuelos internacionales y de larga distancia, dos euros menos que si se realiza por teléfono o en el mostrador. Sin embargo, para aquellos que tengan las tarifas Flex y PremiumFlex, cualquier cambio de titular es gratuito.

Binter Canarias, la aerolínea española de carácter regional con base en las islas Canarias permite corregir una errata de un máximo de tres letras sin coste, en caso de que sean más, se necesita un billete nuevo y se reembolsa del original previa aprobación por parte de la compañía. No obstante, no permite hacer cambios de titular. Es la misma política que sigue Smartwings, la aerolínea low cost de República Checa.

En las compañías de bajo coste Wizz y Transavia, las tarifas son similares. En ambas es gratuito realizar correcciones de erratas. A la hora de cambiar el titular, la húngara Wizz cobra 45 euros si se hace por Internet y 60 por teléfono, mientras que la compañía de los Países Bajos tiene un precio de 50 euros por trayecto más la diferencia de la tarifa.

Compañías tradicionales

Por lo general las compañías que no son low cost tienen un menor coste a la hora de corregir erratas, sin embargo, ninguna de ellas permite realizar un cambio de titular del billete. En Iberia y British Airways las correcciones son sin coste si se trata de una letra y solo está disponible por teléfono. Sin embargo, si ha habido cambios de impuestos, tarifas o recargos de combustible, entre otros, en el billete desde la reserva, se cobra la diferencia.

Para la compañía aérea alemana Lufthansa corregir un error de hasta dos letras es gratis. Lo mismo ocurre con Air Europa, que permite cambiar hasta tres letras gratis, pero si se trata de más, la empresa estudia el caso y decide si se puede realizar o no. Es la misma política que sigue la principal compañía aérea de Portugal, Tap Air, y la aerolínea nacional de Turquía Turkish Airlines. Solo ofrecen la posibilidad de pedir los cambios por teléfono.

En el caso de Air Francearreglar una errata de una única letra es gratuito, pero se debe consultar el resto, todo ello por teléfono. Su filial KLM Royal Dutch Airlines, la principal aerolínea de los Países Bajos, tiene como política que es gratis el cambio de nombre por teléfono y hasta 30 horas antes de salir el vuelo. En Delta, la aerolínea comercial estadounidense con base en Atlanta (EE UU) los cambios “menores” se pueden realizar sin coste online.

En Alitalia, la principal compañía aérea italiana, arreglar una errata tiene un coste de 60 euros, y solo se pueden cambiar tres letras. Esta operación solo está disponible por teléfono. Por su parte, American Airlines también cobra este servicio si se trata de un cambio de más de tres letras. En este caso tiene un coste de 30 euros y debe hacerse por Internet.

En Emirates consideran que cualquier error en el nombre o en la ortografía implica la cancelación del billete, y los cambios de titular no están permitidos, como en Qatar Airways, aunque esta última no ofrece información sobre las erratas en el billete.

Fuente: elpais.es

“Aprender a aprobar un examen de inglés es una pérdida de tiempo”

Saul Nassé, director de Cambridge English, cree que sus test ayudan a los profesores españoles a programar las clases.

“En España, el 26% de las ofertas de trabajo exigen conocimientos de alguna lengua extranjera y el inglés ocupa la primera posición.”

En 2013 dos profesoras de la Universidad de Navarra entrevistaron a un grupo de profesores de primaria de colegios públicos y concertados de la región para conocer el impacto de los exámenes de Cambridge, el departamento de pruebas de inglés de la Universidad de Cambridge, en la metodología de sus clases. La mayoría de ellos aseguraron que les había servido para dedicar más tiempo a la parte oral e incluso para modificar sus criterios de evaluación. En España los expertos no se ponen de acuerdo y algunos consideran que preparar el Fisrt, el Advanced o el Proficiency constriñe la libertad del docente y mecaniza la respuesta del alumno. “Intentar aprender a aprobar un examen es una pérdida de tiempo. El valor de nuestras pruebas es que ayudan a los profesores a organizar sus clases”, opina Saul Nassé, director ejecutivo de Cambridge English y responsable de la modernización de la institución británica.

Nassé (Bedford, 1965), máximo responsable de una organización que examina cada año a más de cinco millones de personas en 170 países, cree que la clave es utilizar buen material didáctico y aprenderlo de forma progresiva, sin atracones.

Graduado en ciencias naturales por Cambridge, Nassé trabajó durante 23 años en la BBC, donde dirigió el programa de divulgación científica Tomorrow’s World y el departamento de educación de la cadena británica. La semana pasada visitó España para presentar el nuevo rumbo de Cambridge English, una institución que ya no quiere ser vista como examinadora, sino como proveedora de contenidos para mejorar el aprendizaje.
Pregunta. La principal actividad de Cambridge English desde 1913 ha sido examinar y ofrecer títulos oficiales. Ahora que estamos en plena decadencia de latitulitis y que las empresas empiezan a valorar las capacidades con pruebas in situ,¿tienen miedo de desaparecer?Respuesta. No tenemos ningún temor. Todo lo contrario, el cambio del modelo educativo nos entusiasma, tenemos la oportunidad de jugar un papel importante. Los certificados de inglés no van a desaparecer porque las empresas no tienen tiempo de entrevistar a todos los candidatos en persona o por Skype para comprobar sus conocimientos. Las primeras cribas en los procesos de selección las superan aquellos que cuentan con un título porque es muy complicado examinar en profundidad a centenares de perfiles cada año. El inglés sigue siendo clave a la hora de encontrar un empleo (en España, el 26% de las ofertas de trabajo exigen conocimientos de alguna lengua extranjera y el inglés ocupa la primera posición, según datos de Randstad). Además, nuestros certificados cuentan con el reconocimiento de más de 20.000 instituciones internacionales, 11.000 de ellas universidades.

P. Si miramos la tendencia global, las plataformas de MOOC (cursos onlinemasivos y gratuitos) están desplazando a las universidades tradicionales. ¿Teme que pequeñas startups se hagan con la enseñanza del inglés y desplacen a Cambridge English?

R. El verano pasado lanzamos la App Quiz your English, un juego en el que puedes medir tus conocimientos de inglés jugando con otra persona o con el propio programa. Estamos utilizando todos los datos de los exámenes de los últimos 30 años para generar contenidos que ayuden con el aprendizaje. Para ello es clave la inteligencia artificial. Ya no nos interesan expertos en pedagogía, sino en machine learning (aprendizaje automático). Nuestra plantilla de 700 profesionales se está transformando y estamos fichando a expertos en tecnología. No queremos que la experiencia de los estudiantes con Cambridge se limite al momento de hacer el examen, queremos inspirarles y ayudarles a aprender.

P. De hecho recientemente han lanzado un nuevo examen con Babbel, una las aplicaciones de aprendizaje de inglés de mayor éxito y reconocida en 2016 por la revista estadounidense Fast Company como una de las mejores empresas de innovación educativa. ¿Se han aliado con el enemigo?

R. Estamos trabajando con ellos porque compartimos su visión pedagógica: la importancia de la comunicación real a la hora de aprender un idioma. Gracias a nuestro acuerdo, cualquier persona puede conocer su nivel de inglés con una prueba de 45 minutos en la web de Babbel que consta de unas 70 preguntas que emulan situaciones de la vida real. Ese certificado (cuyo precio ronda los 39 euros) se puede compartir en redes profesionales como LinkedIn.

P. Algunos expertos consideran que centrarse solo en aprobar un examen para obtener un título limita la creatividad del profesor y reduce el aprendizaje a algo mecánico. El objetivo al final es aprender inglés…

R. Intentar aprender cómo aprobar un examen es una pérdida de tiempo. Pero mejorar tu nivel practicando una serie de ejercicios sí tiene sentido. Si tienes un objetivo, tienes que poder medir el logro y para eso sirven nuestra pruebas. Lo mismo sucede con el deporte. Si mido que estoy dando más de 10.000 pasos al día, sabré que mi forma física está mejorando porque tengo unos datos en los que fijarme. Nuestros exámenes son muy populares dentro del sistema educativo español porque ayudan a programar el aprendizaje. No es solo gramática o pronunciación, es todo el programa académico, formar a personas capaces de comunicarse de forma efectiva en inglés. Tenemos programas de formación del profesorado como Delta y seguimos trabajando en el desarrollo de materiales.

P. Otras críticas se dirigen contra el precio de los exámenes de Cambridge (desde los 50 euros del Young Learners a los 217 euros del Proficiency). ¿Han pensado en lanzar nuevas pruebas de bajo coste?

R. Tengo que recordar que somos una institución sin ánimo de lucro dependiente de la Universidad de Cambridge y destinamos grandes cantidades a la investigación. En otros países como India es mucho más complicado poder pagar nuestros exámenes, pero sí, es algo sobre lo que tenemos que pensar.

P. En los exámenes de Cambridge se da el mismo peso a las cuatro destrezas. Cada persona tiene unas necesidades. ¿Han pensado en los exámenes personalizados?

R. Algunas de nuestras pruebas se adaptan al conocimiento del estudiante y las preguntas se generan en función de las respuestas gracias a programas de inteligencia artificial. La mayoría de áreas relacionadas con el esfuerzo humano se están midiendo con datos y lo relevante de esos datos en el aprendizaje gira entorno a los logros. Nuestra meta es acabar con la brecha entre el aprendizaje y la evaluación, todo se hará al mismo tiempo sin que el usuario sea consciente de ello.

P. ¿Sustituirán los softwares a los profesores en la enseñanza de idiomas?

R. No veo un futuro en el que los profesores sean reemplazados. La gente se inspira para aprender gracias a otras personas y no a máquinas. A veces es complicado que los docentes innoven porque están sometidos a mucha presión, es un espacio en el que resulta difícil cambiar porque tú sabes lo que a ti te funciona.

Fuente: elpais.es