Generación exilio

“Hola, me llamo Ana Criado Zahonero (Ana Z. Criado para los de mi nuevo banco en USA porque no hay mejor forma de hacer colapsar a un americano que presentarse con tus dos flamantes apellidos españoles). Bueno, me sigo presentando: soy diseñadora gráfica. Trabajo en Los Angeles, principalmente para la industria del cine diseñando títulos de crédito. Hace casi un año que decidí dejar mi bonita casa en Valencia, a mi familia, amigos y a una perra obesa y dar el salto a América. Rollo Colón pero sin carabelas. No dejé todas esas cosas porque de repente sintiese una inquietud laboral especial. Más bien la inquietud laboral se vino a instalar en mi casa cómodamente“.

El diario de Ana, 36 años, es el de otras 55.000 personas este año. Las que han dejado España para buscar trabajo en el extranjero. Un millón de personas desde enero de 2011. Unos 200 españoles cada día. 16.159 valencianos se han marchado en los últimos cuatro años.

En la mochila, con más o menos peso, siempre la dichosa crisis económica. Toni Marí es periodista. De Valencia a México. Responde entre Twitter y mail. “Decido marcharme a otro país cuando llevo casi dos años buscando trabajo en España sin encontrar absolutamente nada. Mi situación en España era francamente mala porque había terminado mi prestación y ya no tenía ingresos. Tenía dos opciones: ir a un país de habla inglesa para trabajar de lo que fuese, o ir a un país latino para intentar seguir con mi profesión, el periodismo. Decidí la segunda opción”.

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“Nuestro ‘nivel medio’ de inglés viene a ser lo que habla un americano de 3 años con dificultades”, cuenta Ana desde L.A.

“Mi situación no tiene nada que ver con mi profesionalidad y sí con una estructura de país equivocada”, reflexiona en su blog cuando conoce los últimos datos del paro en España.

A unas 12.000 kilómetros de distancia vive otra valenciana. Periodista también, ahora en Pekín. Su caso es menos dramático porque decidió cambiar de país incluso antes de la crisis y porque viajó hasta China con una beca de la agencia Efe bajo el brazo. “Me aseguré dos años de trabajo nada más acabar la carrera y en plena crisis”, presume Tamara Gil.

¿Por qué China? “Era el destino que más llamaba mi atención, el mayor reto. No acabé de decidirme hasta el último momento. Recuerdo estar en Valencia en mi piso de estudiantes dándole vueltas, sin poder dormir, levantarme y escribir ‘China’, y de repente los temblores. Llegué a Pekín y pensaba que no iba a poder con ello. No entendía los carteles, nadie hablaba inglés, el frío era terrible y los días eran grises por la contaminación. Viví momentos duros”.

Ana también voló a Hollywood con medio camino recorrido. “Yo me fui de España con un contrato laboral bajo el brazo y el gigantesco y espinoso problema del visado americano resuelto por mi empresa. No recomiendo a nadie irse de otra forma. Las aventuras de la gente que se viene ‘a ver qué pasa’, sin visa de trabajo, suelen acabar de forma penosa. Es un proceso largo, tortuoso y caro”, reconoce.

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Toni, desde México: “Me he marcado un tiempo de seis meses para ver cómo me va. Si no tengo suerte, me volveré”

La barrera del idioma

Conseguir un visado para trabajar en Estados Unidos es complicado si no eres Pau Gasol o Javier Bardem. Una vez eres legal, viene el problema del idioma. ¿Están preparados los jóvenes españoles para trabajar en inglés?

“Nada más poner un pie en América me dí cuenta de que nuestro ‘yo si que sé inglés, nivel medio’ es la mentira más extendida entre los españoles. Si confiáis que el inglés que aprendisteis en el instituto os servirá para moveros con soltura en un país angloparlante, vais listos. Nuestro “nivel medio” viene a ser el equivalente al inglés que habla un americano de 3 años con dificultades de aprendizaje“, cuenta Ana. Durante semanas pensaba que la estaban despidiendo cada vez que el jefe se dirigía a ella en un inglés más rápido de lo normal.

María Aura tiene 28 años, un grado en Relaciones Laborales y un máster en prevención de riesgos laborales. Extendió el mapamundi y clavó la chincheta en Perú. Cerró el equipaje cuando empezó a empeorar la situación en España. “Cada vez era mas difícil encontrar un trabajo y mucho menos un trabajo de lo que habías estudiado. Estaba viviendo en casa de mis padres, sin trabajo desde hacia casi un año después de haber terminado de estudiar un máster para intentar estar formada y tener un mejor trabajo.Estaba apuntada en el paro y en todas las páginas web de búsqueda de empleo posibles, pero de ninguna de ellas me llegaban ofertas de empleo. No es un buen plan de futuro que tus padres con 28 años te sigan manteniendo, así que había que hacer algo”.

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“No es un buen plan de futuro que tus padres con 28 años te sigan manteniendo”, dice María, ahora en Perú

Se marchó a Cuzco a trabajar con Mar y Júlia, sus primos, llevando la administración de una revista. Cuenta que ya se ha acostumbrado a regatear en los taxis de Perú, esos que cantan ‘La cucaracha’ cuando meten la marcha atrás, y al particular rigor en el trabajo de un país que no escapa del tercer mundo. “Una de las principales diferencias en el trabajo aquí con respecto a España es la falta de formalidad y compromiso a la hora de trabajar. Se lo toman todo con mucha tranquilidad. Hay veces que tienes la sensación de que no tienen ganas de trabajar o de que les da igual perder su trabajo”.

“Era la primera vez que me iba de casa tanto tiempo y tan lejos, era dejar todo atrás e irme a un nuevo país a 13.000 kilómetros de distancia sin saber realmente qué iba a pasar, pensando que si no iba bien, tendría que volver a la misma situación”, recuerda María. “Ahora no me arrepiento para nada, es más, se lo recomiendo a todo el mundo que pueda hacerlo”.

Volamos de nuevo a L.A., polos opuestos. Habla Ana: “En cuanto empecé a trabajar me dí cuenta de que nuestra jornada laboral tiene poco que ver con las jornadas de Estados Unidos. En mi empresa trabajamos una media de 10 ó 12 horas diarias. Paran una hora para comer y a las 6 (cuando yo pensaba que acababa nuestro arduo día), llega la cena. El primer día, cuando vi que la gente se levantaba de sus sitios, entendí que se había acabado la jornada. Me tome mi tiempo para apagar el ordenador, ponerme la chaqueta, suspirar aliviada… y darme cuenta de que lo único que había pasado era que nos habían traído la cena”.

Otra diferencia es la estricta organización americana. “Tenemos gente cuyo trabajo es que nos sintamos cómodos, que cenemos cuando es la hora de cenar si se ha hecho tarde… y no nos dan un beso cuando nos vamos a casa a dormir porque los americanos se aterran con el tema besos”.

“Aquí no trabajan como chinos”, bromea Tamara desde Pekín. “Para empezar, las comidas son sagradas, y pueden durar horas.Da igual que haya estallado una bomba en Tiananmen, la comida es esencial“.

La crisis desde lejos

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“Los chinos te dicen: Vosotros estáis aquí porque no hay trabajo allí”, admite Tamara, periodista en Pekín

Desde la distancia España es una peli de terror. “Lo vivimos como el que ve una película apocalíptica de ciencia-ficción: todas las noticias que recibimos nos suenan marcianas e increíbles. No acertamos a distinguir la realidad del alarmismo”, explica Ana.

“En China interesa la crisis en España, en Europa, que es su principal socio comercial. Así que están al día de todo lo que ocurre allí en materia económica. Los chinos saben que estamos en crisis.‘Vosotros estáis aquí porque no hay trabajo allí’, te dicen“, asegura Tamara. Eso sí, antes que la crisis el fútbol. “Nuestra baza en China es el deporte. Lo primero que te preguntan si les dices que eres español, es ‘¿Madelí o Balcelona?'”.

Desde Perú, María dice que los peruanos que mejor controlan la crisis española son los que tienen familiares aquí. “O porque están sufriendo la crisis o porque esos familiares o amigos están regresando a Perú”.

En México, dice Toni, lo notan “por el volumen de españoles que han llegado en los últimos meses”. “Leen, escuchan, pero no son conscientes de la situación dramática de España. En México dicen que también hay crisis, pero yo veo muchas más oportunidades de trabajo”.

Volver

En el horizonte el regreso a España. “Viendo las noticias de cómo está todo por allí, no dan ningunas ganas de volver”, reconoce María. “De momento, no quiero volver a España. Creo que me queda aún mucho por descubrir antes de volver al Mediterráneo”, añade Tamara.

Toni sigue buscando trabajo. “Todavía no he conseguido los papeles que necesito de la empresa que me quiere contratar para poder empezar a tramitar mi permiso”, lamenta. “Me he marcado un tiempo de 6 meses para ver cómo me va. Si no tengo suerte, me volveré. Pero, en principio, me gustaría quedarme todo el tiempo posible. Por lo menos hasta que la cosa mejore en España”.

Fuente: www.elmundo.es

 

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