Campamentos de verano. elmundo.es

Si pensamos en los veranos de nuestra infancia, probablemente se nos escape algún recuerdo de aquellos llamados ‘fuegos de campamento’ o de esos multitudinarios juegos en los que, sin querer, aprendimos más de lo que pretendimos. Y es que, hay veces que las vacaciones se antojan inolvidables, sobre todo para los más pequeños.

Cuando van llegando los primeros rayos de sol, los padres se plantean: ¿qué hago con mi niño? Una de las mejores opciones que recomiendan psicólogos y educadores es llevarlos de campamento. Pero eso sí, cuando ellos quieran.

El psicólogo social, Luis Muiño, aconseja no forzar a los niños. “Lo mejor es acompasarse al ritmo de lo que ellos vayan pidiendo”. Lo recomendable, por tanto, es llevarles cuando ellos quieran, cuando lo pidan.

Por su parte, Jesús Ramírez, psicólogo educativo, destaca que cualquier edad es buena para que pasen unos días fuera de casa, ya que de esta forma “se van habituando a estar sin sus padres y a interactuar con los compañeros, profesores o monitores”.

Pero, ¿por qué son tan provechosos los campamentos de verano?

Los beneficios y aspectos positivos

Al hablar de campamentos, los padres se preguntan siempre cuáles son los mejores. Ramírez explica que la mayoría de ellos suelen ser temáticos, de aventuras, de idiomas, de deportes, etc. y que cualquiera de ellos es “perfecto” para cualquier edad.

“Los campamentos son siempre positivos”, reitera Muiño ya que, según explica, desarrollan la independencia, el sentido de responsabilidad y la autonomía de los niños. Además, aconseja que el mejor campamento debe tener mezcla de horarios, aprendizaje y sobre todo vacaciones.

Este es un aspecto importante que el especialista quiere recalcar. “No debemos olvidar que el niño está de vacaciones”, señala. “Es algo que a la sociedad le cuesta recordar. El cerebro es un músculo y como tal debe descansar“. Explica que un niño está aprendiendo siempre, mientras cena, mientras observa… un adulto no. El cerebro de los más pequeños está en continuo desarrollo y necesita por ello descansar más que el de una persona madura. Por este motivo matiza que se debe fomentar más la ‘cultura del hedonismo’, esto es, hacer cosas por el simple hecho de pasarlo bien y disfrutar.

La clave, los primeros días

“Lo más complicado suelen ser los primeros dos o tres días, una vez que éstos se pasan, ya no suele haber problemas”, apunta el experto en Psicología Educativa. Explica que suele ocurrir con niños que están muy ‘enmadrados’ y que además lo negativo es que hay padres y madres que tampoco son capaces de pasar esos días sin sus hijos. “Entonces es cuando surgen los problemas”, destaca.

Francisco Gallardo es monitor de campamento desde hace ya cinco años y desde su experiencia destaca que estos niños normalmente suelen ser muy consentidos, de clase alta, padres separados y que “saben que sus padres no los van a dejar allí si ellos están llorando”.

Por otro lado, Gallardo asegura que para los más pequeños, niños de seis o siete años, es una superación, ya que para la mayoría es la primera vez que duermen fueran de casa y es sobre todo por las noches cuando empiezan a añorar a sus padres. “Entre los compañeros lo llamamos ‘mamitis'”, dice. Aunque resalta que si superan la primera noche, prácticamente ni se acuerdan de sus padres el resto del campamento.

Asimismo, para superar esos momentos de ‘mamitis’, el monitor destaca que es muy importante que te vean como alguien en el que ellos pueden confiar y sentirse seguros.

Juegos de cooperación para romper prejuicios

Uno de los mitos y padres fundadores de la Psicologia Social, Muzafer Sherif, ya lo adelantaba en el año 1954.

Este psicólogo americano, de origen turco, creó uno de los experimentos más famosos y con más repercusión de toda la Psicología Social: ‘La cueva de los ladrones’. Consistió en dividir en dos a un grupo de 22 niños de 11 años de edad que se hacían llamar respectivamente ‘The Rattlers’ (las serpientes) y ‘The Eagles’ (las águilas) y hacerles pruebas donde se enfrentasen entre ellos.

Los grupos no se conocían entre sí, pero tenían opiniones y percepciones negativas los unos de los otros. Pero en cambio, en el mismo momento en que se les unió (la última fase del experimento) para hacer juegos de cooperación donde los “unos” necesitaban a los “otros”, las percepciones cambiaron y se elimaron todos los prejuicios existentes.

Con este experimento Muiño explica que lo mejor es que los monitoresfomenten juegos de cooperación. Que vayan creando grupos y que los vayan cambiando poco a poco, según pasen los días en el campamento. “Yo necesito al otro, para ganar a los otros”, asiente. Tiene que haber por tanto, lo que los psicólogos llaman integración efectiva, es decir, todos nos necesitamos para conseguir el objetivo común.

Gallardo reitera esta misma idea. “Hacemos muchos juegos cooperativos, tanto diurnos como nocturnos, aunque más que fomentar el necesitar al compañero para ganar, se fomenta que los niños aprendan a trabajar en equipo”. Se realizan juegos cooperativos de búsqueda, explica el monitor, que consisten en buscar una serie de cosas naturales por el campo que previamente les hemos explicado en una ruta didáctica. También se imparten juegos de pistas o juegos deportivos.

Al finalizar el campamento, explica que los monitores suelen hacer a los niños un pequeño cuestionario a voz alzada, preguntándoles las cosas que más y menos les hayan gustado. Así “vamos viendo los aspectos a mejorar para el año siguiente. El objetivo final es que los niños se diviertan y pasen unos días inolvidables”, concluye.

Mejor, campamentos integrados

Ramírez lo tiene claro: “por supuesto, es mejor que el niño se sienta integrado en un campamento convencional”. En cualquier campamento, explica, si los padres avisan a los responsables de que el menor padece alguna enfermedad, lo van a cuidar y van a tener las atenciones necesarias con él.

Por su parte, Gallardo aconseja que lo más importante es tratarlos con normalidad, como si fuese otro niño/a más, sobre todo delante de sus compañeros. “Que ellos vean que esas ‘discapacidades’ realmente no lo son”.

Si hay niños celiacos o con algún otro problema alimenticio, asegura que todavía es más fácil. “Se intenta hacer un menú adecuado para ellos y que no difiera mucho del resto de niños, para que tanto él como el resto no vean un problema en ser celiaco o tener intolerancia a lactosa”.

La integración sigue siendo, por tanto, también en estos casos, la mejor solución para pasar unos días de campamento ‘inolvidables’.

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